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9/9/07

Polvo eres


—Prométeme algo
—¿Qué cosa?
—Quiero que cuando muera me entierres en el cerezo, al lado del río.
—¿Y si muero antes que tú?
—No puedes, tienes que esperar, yo voy primero.
—Está bien, lo prometo.


Era el día catorce del mes. El olor a sexo copulaba con la fragancia de los jazmínes que crecían en la alfombra de terciopelo blanco. En medio de la habitación el lecho de madera viva estaba cubierto de luz. Los postes tenían ramas y hojas que susurraban su deseo. Allí estaba él, con su piel de leche bronca y sus labios enfurecidos. El cabello oscuro se le resbalaba por los hombros sonrientes. La esperaba. La esperaba con la columna erecta y el corazón murmurando profecías. La esperaba desnudo, sobre la tierra fresca traída del bosque de las mentiras. Campesino expectante con la semilla y el azadón atentos. La puerta se abrió y del umbral surgió un capullo violeta rodeado de nubes.
—Linvi vous mere —dijo el hombre con los ojos y el capullo se deshojó. Ella apareció con los cabellos soleados acariciando el polvo. Su piel de enredadera seducía violentamente a aquel que tanto había esperado. Apoyó sus extremidades y en un salto felino se acomodó entre los brazos del profeta. Acercó sus labios fríos y se vació en un beso.
Y entonces vino la lluvia sobre el campo. La lluvia que fertiliza, el agua que da vida. Agua en las bocas y agua en los sexos y también agua en el cielo. Nubes negras cubrieron la habitación. Nubes negras sosegadas para honrar a los amantes. Todo huele a tierra mojada. Ellos se revuelcan salvajes, en el lodo, rasgando con sus ansias el hogar de lo divino.


Mi cuerpo ha cambiado. Ahora está hinchado y es lento. Paso las tardes viendo mi cuerpo desnudo frente al espejo. Mis pechos son enormes, pesados, como dos nubes negras justo antes de llover. Mi rostro es ahora redondo y mis ojos dos luciérnagas perdidas. Mi vientre palpita, habla, baila y ríe. Platica conmigo en las noches mientras como montoncitos de tierra cubiertos de chocolate blanco y almendras. Mi vientre enorme, a punto de explotar a un ser humano. ¿Te gusta tu casa? Dicen que es calientita, ¿no? Yo la siento como un iglú, a veces. Por eso todos los días te cubro con algo diferente. Tu papá nos trae mermelada, serpientes o perlas, lo que se encuentre en la calle. Con eso sobamos mi panza, tu casa, hasta el amanecer. Fue lo que recomendó la bruja de los cerezos, la que será tu madrina cuando nazcas. Dijo que tú ibas a tener los ojos de unicornio del abuelo y que era posible que fueras un genio. ¿Sabes algo? A mí eso me importa poco. Si por mí fuera, tú te quedarías para siempre aquí. Existiendo de mi carne, de mi sangre. Mi pequeño gusanito habitándome por toda la eternidad. Me veo en el espejo y soy tan hermosa que lloro lágrimas de cristal. Hoy soy el sexo femenino encarnado. Hoy soy madre, mujer, creadora, dios y diosa. Te me expandes hasta abajo y me acaricias. ¿A qué vas a oler cuando nazcas?


Sentiste que el vientre se te hacía piedra desde ayer. Tenías miedo, pero te quedaste callada. Ibas para una fiesta. Todos estaban felices porque en menos de una semana ella iba a llegar.
—Señora, el corazón de la niña no está latiendo.
La boca te sabe a podrido, miles de agujas te clavan el sexo, la leche se te hace veneno.
—Tenemos que sacarla o usted puede morir.
El alma se enfurece y le saca los ojos a los médicos. ¿A quién le importa tu putrefacta vida? La niña está muerta y tú sabes que el calor de tu sangre fue el asesino de tu pedazo de carne.

Mi ventanita a la inmortalidad se ha cerrado.
Mientras la anestesia te mitiga oyes en la lejanía sus bramidos de macho herido.
Navegas en la nada, eres una hinchazón caminando entre gelatina. Sólo sientes oscuridad. Ba-krhtm-ellypson. Salta, salta la ranita. Baby blue. A-la-ru-ru-ni-ño-a-la-ru-ru-ya. ¿Dónde está mi mamá? Tengo miedo. Y frío. No quiero estar sola. Guarda silencio, niña, guarda silencio. Nada es la nada. Duerme en la nada. Has vuelto a la tierra. El viaje ha concluido. Regresaste a casa. ¿Escuchas ese corazón que palpita y que dice que te ama? Es el vientre de la madre, de la tierra. Estás donde debes estar. Aquí está caliente. Aquí eres sin ser. Aquí la tierra se encarga de ti. Has llegado, has vuelto y nunca más tendrás que partir. Has vuelto, has llegado al vientre de mamá.

Madre e hija embarazando al cerezo que está al lado del río.

La niña de los gusanos.

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