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1/10/07

Akai

El reflejo de las pupilas dilatadas formaban un círculo perfecto en el amarillento líquido, después de que se efectuara el remolino al jalar la palanca del inodoro, el líquido comenzó a fluir en cámara lenta distorsionando su triste mirada.

Daichi estaba confundido, no recordaba que había hecho antes de entrar al baño. Se despeinó un poco la verde cabellera para liberar la ansiedad. ¿Cómo no recordar dónde había estado antes? Retornó al cuarto totalmente desnudo. Su escuálido cuerpo revelaba su fragilidad de perfecto andrógino. Miró sus manos tersas y quedó atónito cuando vio como se iban desvaneciendo poco a poco, como parte de un extraño maleficio. Cerró los ojos. Pensó que era una de sus tantas alucinaciones esquizofrénicas. Después escuchó un ruido que lo hizo voltear y todo en su cuarto repentinamente se tornó monocromático, cual si fuera victima del daltonismo. Algunos objetos se fueron desvaneciendo, como el poster de la chica con la diminuta falda de colegiala que le acompañaba en sus noches de soledad.

No entendía que pasaba. Parpadeo un poco y en eso lo perturbó un fuerte estruendo lejano. Algo insólito se suscitaba en las cuatro paredes de su cuarto. De la nada se manifestó una mancha color carmín, que iba inundando su habitación lentamente. Daichi quedó congelado de manera absoluta, ni un movimiento más, ni uno menos, como si fuera parte de una vieja fotografía. No tuvo tiempo de pensar más, simplemente cerró los ojos tratando de abstraerse, como si cerrar los ojos exorcizara su habitación de todo mal. No tuvo tiempo de volver a abrirlos. La mancha se apoderó de toda la habitación tiñendo de rojo todo lo existente.

Hikaru Endoso murió después de detonar la pistola calibre 22. Una noche de verano, en la cual efectuó por última vez su trabajo de dibujante…


Ken Pérez

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